Señor mío favoréceme

Salmos 109

«Sea éste el pago de parte de Jehová a los que me calumnian, y a los que hablan mal contra mi alma. Y tú, Jehová, Señor mío, favoréceme por amor de tu nombre; líbrame, porque tu misericordia es buena» (Salmos 109:20-21).

La paz y tranquilidad de los hijos de Dios no está libre de ser turbada por otras personas. Como no podemos extraernos de la comunidad en la que vivimos, al contrario buscamos relacionarnos con ella, enfrentaremos situaciones en las que surgirán adversarios. El mismo enemigo de Dios y nuestro, levantará personas contra los que aman y siguen al Señor.

David tiene enemigos que lo calumnian sin miramientos, echando por tierra su reputación. Esta gente no respeta a Dios ni a su prójimo, en este caso David. Hablan mal contra él, no sólo rumores o simple murmuración, sino planificando con mala intención y con el deseo de que lo malo se concrete en su vida; es decir, le maldicen.

El rey no responde de la misma manera a sus adversarios; recurre a Dios buscando su protección porque sabe que no se trata de lucha entre hombres, por lo que no debe responder humanamente. Son luchas espirituales en las que tiene que participar Dios obligatoriamente, si es que quiere tener victoria.

Su pedido es que el Señor lo favorezca y libre, esto es, lo trate bien y lo ponga a salvo de tales agresores. David busca que se revierta la maldición en bendición. Inclusive dice: “Maldigan ellos, pero bendice tú” (v.28), asumiendo en fe que Dios, que es mayor que cualquier hombre, puede frustrar los deseos y planes de los adversarios, voltear la maldición contra ellos, favorecer y bendecir a sus hijos.

Nuestro enemigo, el diablo, sigue activo contra Dios y contra su pueblo, por lo que las luchas espirituales no han cesado. Todavía tendremos que enfrentar personas que instigadas por Satanás y sus demonios buscarán herirnos y dañarnos. Pero aprendamos de David a enfrentarlos con la ayuda de Dios.

PARA MEDITAR Y ORAR:

¿Cómo enfrentas a los que se levantan contra ti?